¡No más virales! Todos deberían serlo

computervirus.jpgNo sé por qué no me cabreo cuando alguien de la profesión me dice que está montando un viral, porque motivo para cabrearse hay.

Es evidente que la palabra «viral» se utiliza todavía como argumento comercial, al igual que se hizo con la «Web 2.0». ¡Señores es nuestra obligación que todas las acciones que hagamos sean virales! Trataré de explicarlo a continuación.

Está claro que el método más eficaz de conseguir la conversión (compra, consumo, acción o atención) de un cliente es mediante el boca a boca. La recomendación, el estar presente en una conversación es el mejor argumento de venta. Por tanto la condición idónea para la transmisión de una acción de comunicación o publicidad pasa por la conversión de este mensaje en un virus.

A partir de este argumento me surgen muchas preguntas:
¿A qué personas tenemos que dirigirnos realmente al consumidor final o a los creadores de opinión?
¿Cómo debe articularse en mensaje? ¿Son necesarias las acciones divididas en varias fases para adaptar los mensajes a los distintos tipos de usuarios en su tiempo y forma correctos?
¿Cómo distinguiremos a los distintos tipos de usuarios para generar el efecto boca-oreja?
¿Cómo se complica todo con el SMO (Social Marketing Optimization) o el Communiting?

Al plantearme así estas cuestiones me doy cuenta de qué son absurdas esas teorías que dicen que son necesarios 6 impactos publicitarios para que el mensaje cale en el usuario, o mediciones como el CPM (Coste por mil), o peor aun inventos como el CPM personal para las redes sociales.

Con este post comienzo una serie de artículos que vienen de las notas que voy tomando de la lectura de The tipping point (El punto clave) de Malcolm Gladwell.

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