Si algo caracteriza a esto que llamamos Web 2.0 es que todo sale ganando de alguna forma. Llámalo dinero, llámalo contraprestaciones de cualquier tipo, llámalo ego o como te dé la gana.
Ahora salta la noticia de que Movistar va a incluir publicidad en sus servicios móviles esta semana en muchos formatos. Desde banners en sus páginas de e-moción hasta SMS publicitarios. Leyendo la noticia creo que me están tomando el pelo.
Una de las principales preocupaciones de Telefónica es que la publicidad no sea intrusiva, es decir, que no se confunda con el spam o los mensajes no deseados, cada vez más presente en el móvil, en muchos casos, con carácter fraudulento.
Por eso, desde Movistar se insiste en que su papel es el de servir de soporte para incorporar el marketing a la telefonía móvil pero, en ningún caso, para suministrar una cartera de clientes a los anunciantes. Serán éstos los que, de acuerdo con sus bases de datos y con el consentimiento de los clientes, puedan dirigir mensajes publicitarios.
¿Qué gano yo con eso? Es decir, ahora resulta que Movistar va a ganar más dinero conmigo (bueno, en mi caso no porque soy Vodafone) y no me va a dar nada a cambio. ¿Dónde están esos descuentos en las facturas? ¿Mensajes o llamadas gratis? ¿Dónde están esos incentivos que evitan que me convierta en un número de la cartera de clientes de los anunciantes? ¡Señores! No se ha hablado más que de los incentivos a los clientes durante todo el tiempo que han estado preparando el terreno para que no nos cabreemos demasiado. ¿Y Ahora, donde está el usuario?
¡Ah, perdón! Que ahora que la pasta asoma ya solo somos un número en la base de datos. ¡Pues como siempre!

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